En un principio, la influenza aviar se disemina por contacto directo entre las aves sanas y las infectadas, o a través de contacto indirecto con equipamiento u otros materiales contaminados. El virus es excretado en las heces de las aves infectadas y a través de las secreciones nasales, bucales y oculares. En la mayoría de los casos, las aves silvestres diseminan la IA a las explotaciones domésticas mantenidas al aire libre a través de la contaminación fecal. En una instalación de una explotación avícola, el virus es diseminado vía las secreciones existentes en suspensión aérea y vía heces.
En estos momentos no existe ningún tratamiento práctico en aves. Se pueden utilizar antibióticos para reducir efectos secundarios de bacterias oportunistas que afectan al animal una vez que la infección por la IA ha ocurrido. Sin embargo, la medida comúnmente aceptada como respuesta a un brote de IA es la prevención y el sacrificio de las aves infectadas, no su tratamiento.
Esta designación se refiere a la caracterización de proteínas existentes en la superficie del virus. La “H” se refiere a una proteína denominada hemaglutinina, mientras que la “N” se refiere otra denominada neuraminidasa. Existen 16 subtipos de proteína “H” y 9 subtipos de proteína “N”. Un virus de IA es identificado por la presencia de una combinación de subtipos H y N. Cualquier vacuna, para ser efectiva frente a un virus dado, debe comprender el subtipo de virus designado
La influenza aviar altamente patógena (IAAP) es una enfermedad notificable a la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE). La OIE ha desarrollado estándares de sanidad animal que clasifican las cepas altamente patógenas como enfermedades de declaración obligatoria. Cualquier brote debe ser notificado inmediatamente a las Autoridades locales o nacionales en materia de sanidad animal.
La vacunación por sí sola no supone la solución total al problema. Si bien dicha vacunación protege eficazmente los animales tratados, limita la diseminación de la enfermedad y supone una ayuda en los programas de erradicación, no previene la infección por el virus. El mejor uso de las vacunas es su utilización como un componente más de un programa de erradicación bajo el control de las Autoridades en materia de sanidad animal.
Aunque un cierto número de personas en el Sudeste Asiático ha sido infectado por el virus H5N1, este hecho se ha debido al estrecho y directo contacto con las aves infectadas. Hasta ahora no existe evidencia de que el virus H5N1 sea capaz de causar un brote debido a su transmisión de persona a persona. Sin embargo, la continua y rápida diseminación del virus H5N1 y la posibilidad de que pudiera mutar hacia una forma transmisible entre humanos, está causando una preocupación creciente tanto desde el punto de vista de la salud humana como animal.
La seguridad y la eficacia de las vacunas destinadas a la IA en animales no han sido demostradas en humanos y por tanto, los productos no están recomendados para su uso en humanos.
No. La probabilidad de que aves infectadas entren en la cadena alimentaria es extremadamente baja. Además, el virus es destruido cuando los alimentos se cocinan a una temperatura de 70ºC durante 7 segundos. En el hipotético caso de que un producto aviar contaminado entrase en la cadena alimentaria, el nivel de virus sería extremadamente bajo y puesto que los alimentos están cocinados apropiadamente, no existe riesgo de infección a través del consumo de carne y/o huevos.
No, de hecho sucede todo lo contrario. Las grandes explotaciones avícolas, que mantienen las aves alojadas en su interior, utilizan de manera rutinaria un gran abanico de medidas de bioseguridad destinadas a mantener a las aves tan libres de enfermedad como sea posible. Actualmente, medidas como la mejora de las instalaciones, la protección frente a potenciales vectores de la enfermedad como ciertas aves silvestres, y la continua vigilancia por los veterinarios, suponen una protección para las explotaciones avícolas actuales. Muchas de estas medidas de bioseguridad no están disponibles para los productores cuando las aves se crían al aire libre.
El riesgo de transmisión de la IA a los humanos hasta ahora permanece bajo. Las personas en estrecho contacto con las aves infectadas están en mayor riesgo. Este escenario incluiría los trabajadores de las explotaciones avícolas, los trabajadores de mataderos, veterinarios y otras personas involucradas en actividades relacionadas con el control de la enfermedad. La utilización de equipos protectores personales, como mascaras y guantes, son siempre necesarios, pero los trabajadores que pudieran potencialmente entrar en contacto con aves infectadas deberían ser doblemente cuidadosos para utilizar siempre este equipamiento de protección.
Noviembre de 2005. |